“NO PEDIMOS CARIDAD, PEDIMOS JUSTICIA SOCIAL!"


Entrevista con Edith Espinola, portavoz de la Asociación SEDOAC (Servicio Doméstico Activo) en Madrid.

Página web de la asociación: https://sedoac.org/


“La situación de las trabajadoras del hogar, de por si es una desigualdad, porque no tienen los mismos derechos que cualquier otro empleado dado de alta en la Seguridad Social. Nosotras, estamos en un Régimen Especial y esto significa que no tenemos derecho al paro, no hay una ley de prevención de riesgos laborales, existe una menor paga cuando hay indemnización y hay la figura de desistimiento que dice, que si un empleador tiene una desconfianza en ti, te puede despedir en un momento sin dar explicación ninguna. Además, hay una falta de control de horarios, porque como se trata de un trabajo dentro de un domicilio particular, las inspecciones tampoco son efectivas. Y todo esto se refiere a las mujeres que trabajan con un contrato y sus papeles en regla. Pero, la gran parte de las empleadas de hogar trabajan en la economía sumergida; o porque están en una situación administrativa irregular o porque por alguna razón su empleador no les quiere hacer un contrato. Ellas están aun más perjudicadas y expuestas a abusos. Y es un problema importante tomando en cuenta que cerca de 70% de las mujeres que trabajan en el empleo de hogar son mujeres migrantes.  

Según la Ley de Extranjería para poder ser una persona residente con permiso de trabajo, tienes que tener un arraigo social de unos tres años. Una vez que cumples este periodo y presentas un contrato laboral, puedes iniciar la tramitación de tarjeta, antes no. Entonces las mujeres migrantes, en la mayoría de procedencia latinoamericana, saben que tienen que aguantar aquí tres años antes de poder regular su situación y buscan un empleo que no les exponga a una posible control policial en la calle, a una multa o a una expulsión. En estas condiciones prácticamente lo único que pueden hacer, es el trabajo del hogar en el régimen de interna.  

Y hay que decir que este régimen es un campo de abuso. Nosotras decimos “trabajo de interna - esclavitud moderna”, porque allí no hay ningún control. Incluso si la persona tiene ya sus papeles en regla y tiene contrato firmado de 40 horas semanales, en realidad su jornada habitual es mucho más larga. La ley estipula 8 horas diarias a las cuales, en nuestro caso, se añaden 4 horas presenciales, sea ya tenemos 12 horas diarias como mínimo. Supuestamente, tenemos derecho a dos horas de descanso diario, pero muchas veces ni siguiera se da esto. Yo he trabajado de interna y he trabajado desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche todos los días, de lunes a viernes y los sábados trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 3 y media de la tarde y tenía que volver el domingo a las 9 de la noche. Nunca en mi trabajo de interna, he tenido mis 36 horas de descanso que supuestamente por ley me corresponde. En realidad, las mujeres que trabajan en este régimen están 24 horas al día a disposición de su empleador. Es un agotamiento físico y mental.

Muchas aguantan porque los empleadores les prometen que les van hacer contratos y papales. Y llega el momento en que la mujer cumple los tres años, y en lugar de hacerle papeles, la despiden y se buscan otra, porque en realidad no quieren firmar ningún contrato. Supuestamente la mujer despedida así podría hacer una denuncia, pero muchas temen expulsión, represalias y hay que pensar en otra cosa: las mujeres que trabajan como internas, al ser despedidas se encuentran en la calle, porque el sitio donde trabajaban era también su domicilio.

Durante la pandemia muchísimas personas entendieron lo que es el encierro, de no poder salir libremente, de lo que implica tener miedo de salir a la calle… Eso es lo que vive una trabajadora del hogar empleada de interna e indocumentada. Está encerada y a disposición de lo que decide su empleador. Y el gran problema es que el empleador no la percibe como a una persona trabajadora con derechos, la percibe como un objeto, su propiedad. Muchas veces los empleadores dicen: “la queremos como a un miembro de familia”… Bueno, la quieren como a una familia pobre, ¿non? Porque la tienen explotada y en condiciones injustas.

A todo esto, durante la pandemia se juntaron aun más abusos. Se ha disparado la demanda de trabajadoras de interna con unos salarios bajísimos, que muchas veces ni siguiera alcanzan el salario mínimo.Muchas de las empleadas fueron despedidas y se quedaron sin nada, incluso las que tenían contrato/papeles, porque de todas formas según la ley laboral no tenemos derecho a la prestación del paro.

Todo el mundo habla de la importancia de cuidados y por todos lados se dice que somos esenciales, que sin nosotras no se puede hacer nada… Y es verdad, somos esenciales no solo porque cuidamos la vida, sino porque con nuestro trabajo permitimos que todos los demás sectores puedan salir a trabajar. Nosotras te cuidamos el hijo, te cuidamos el abuelo, limpiamos la casa, hacemos que tu tendrás tu mundo bien ordenado para que tu puedas seguir haciendo tus cosas. Si no estamos, se para todo, por eso siempre decimos esta frase: sin nosotras se para el mundo. Aun así, a la hora de hablar de nuestros derechos, nos damos cuenta que seguimos siendo unas trabajadoras de segunda, desprotegidas y explotadas, sin un real apoyo exterior para que cambien las cosas.

Durante el estado de alarma, el gobierno sacaba paquetes para ir apoyando diferentes grupos de empleados y nosotros nos quedábamos sin nada. Después de una gran presión mediática que hicimos todas las asociaciones de trabajadoras, el gobierno sacó finalmente una subvención extraordinaria para nuestro sector. Ahora bien, este subsidio extraordinario es temporal, cubre únicamente el tiempo de estado de alarma y pudieron presentar la solicitud sólo las empleadas dadas de alta en la Seguridad Social. ¿Y qué pasa con las que trabajan en la economía sumergida? Pues se quedaron sin nada, y no es un porcentaje bajo… Se estima que unas 630.000 personas trabaja en el empleo de hogar, de las cuales sólo 371.000 están dadas de alta en la seguridad social. Más de la mitad está fuera, está trabajando pero está en la economía sumergida y estas personas no tuvieron acceso a ningún subsidio ni apoyo institucional.

Pero incluso entre las que tenían derecho a pedir el subsidio, la tarea resultó muy complicada. El formulario de por si era dificilísimo de rellenar, tenían si o si firmártelo los empleadores y aportarte los certificados, y muchos no querían hacerlo claro. A parte de esto, todo el proceso se hacía online y en este sector existe una importante brecha digital. Una trabajadora del hogar generalmente se maneja sólo con el móvil, no tiene acceso ni a ordenador, ni a un escáner con lo cual tenía que pagar a una persona para que le complete la solicitud y escanea los documentos. En consecuencia, y a pesar de gran esfuerzo de muchas asociaciones, sólo fueron presentadas 56.000 solicitudes y a la fecha de hoy (finales de noviembre 2020 - h.j) de las 56.000 solamente se han pagado a unas 23.000. Y no sabemos cuando se va pagar al resto. ¿Dime, durante todo este tiempo, como hace esta trabajadora, que todos estiman tan esencial, para sobrevivir, comer y pagar sus facturas? 

Por eso pedimos nuestros derechos ya, no podemos seguir realizando este trabajo importantísimo en condiciones indignas. Hay que cambiar muchos problemas estructurales, más profundas que la pandemia en si y mientras esto no se cambié, vamos a seguir siendo las trabajadoras de segunda. Exigimos que se nos incluya en el Régimen General de la Seguridad Social, para que tengamos los mismos derechos que tiene cualquier otro trabajador en España. Exigimos que se ratifique el Convenio 189*, cosa que este gobierno tiene en su programa, pero la cuestión es, ¿cuando?. Piensa que una vez ratificado, el proceso de implementación lleva un o dos años, entonces, ¿si no lo ratifican ahora en plena pandemia, cuando lo van a firmar?

Nosotras hacemos nuestra parte. Todas las asociaciones exigimos, luchamos, pedimos reuniones, pero hasta ahora nadie nos tuvo en cuenta. Nosotras queremos estar en la mesa de negociación como expertas, somos las que sabemos y vivimos en carne propia que es lo que nos atraviesa. Generalmente siempre llaman a grandes sindicatos que trabajan con masas, con empresas, con ERTES y nosotras quedamos del lado. ¿Porque? Porque nuestro sector es informal y nadie quiere meter la mano y luchar realmente. Hay muchísima economía sumergida de la cual hay muchísimas personas que están en una situación irregular, es una bolsa muy amplia de problemas que nadie quiere tocar. Lo dejan aparcado allí y no se quieren arriesgar a dar el paso al frente. Por eso nosotras exigimos que cuando se va negociar, cuando se va tratar este tema, nosotras tenemos que estar presentes porque somos las grandes luchadoras y las que hemos estado arrastrando estas exigencias de cambio de leyes para nuestro sector desde hace muchos años.

El sistema de cuidados en España está roto y hace falta cambiar muchas cosas. Hay empleadores que podrían asegurar condiciones dignas de trabajo a sus cuidadoras, pero prefieren explotarlas y tenerlas en una situación irregular. Pero hay también familias que no tienen recursos para desarrollar el cuidado que necesitan, especialmente cuando tienen una persona dependiente o tienen niños pequeños. El gobierno debería tener unas políticas publicas de cuidado que la sociedad se merece. No se puede exigir este cuidado de calidad a una mujer explotada, con horarios horribles y un salario que no se ajusta al servicio que está haciendo. Mientras estas políticas no se modifiquen vamos a seguir explotando y abusando del trabajo de las personas que nos cuidan.

Entonces es ahora y en este momento que nosotras tenemos que seguir luchando e ir insistiendo, pero ¿que presión más podemos hacer si la sociedad tampoco se pone de nuestro lado? La sociedad debería salir a exigir estos cambios junto con nosotras, porque es algo que importa y que nos impacta a todos. Yo como persona tengo que exigir unos cuidados dignos y para eso la persona que trabaja para mi tiene que tener condiciones dignas porque si no, soy parte de esa explotación. No pedimos caridad, pedimos la justicia social. No se puede hablar de un estado de derecho mientras se sigue manteniendo la explotación de las personas que están trabajando."

*Convenio 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos de la Organización Internacional del Trabajo, 2011; no ha sido ratificado por España todavía.

Hanna Jarzabek - Photography & Documentary Storytelling

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