Trabajadoras de hogar y cuidadoras

Durante la pandemia las empleadas de hogar resultaron más indispensables que nunca. Fueron ellas quienes aseguraron el buen funcionamiento de muchas familias y se ocuparon de nuestros mayores y niños, exponiéndose a menudo al riesgo cotidiano del contagio. 

Estas silenciosas agentes de nuestro bienestar pasan a menudo desapercibidas, relegadas a espacios privados en que no siempre se estima en su justo valor la labor que llevan a cabo. Como ellas apuntan, “sin nosotras no se mueve el mundo” y, sin embargo, llevan años pidiendo mejoras en su situación laboral. No tienen derecho a la prestación por desempleo, pueden ser despedidas sin explicaciones en cualquier momento y muchas sufren horarios abusivos sin derecho a días libres.

La experiencia de la pandemia enfocó nuestras miradas a la importancia de estas cuidadoras, otorgándoles una plaza central en el debate sobre cómo deberíamos organizarnos en el futuro. ¿Qué mejor momento para visibilizar a las trabajadoras del hogar con toda la dignidad que se merecen? Sin ellas la cotidianeidad de numerosas familias resultaría mucho más complicada y, sin embargo, el reconocimiento social de su trabajo sigue sin llegar.

“¿Quién cuida a la cuidadora?” es un lema que utilizan estas mujeres en su lucha por el reconocimiento que les debemos y el objetivo de mi trabajo es ofrecerles un espacio desde el que nos transmitan sus testimonios y nos acerquen a su realidad y vivencias. 

PODCASTS CON TESTIMONIOS


"Aunque no tengo papeles legales, hablo públicamente sin miedo porque nadie luchará por nuestros derechos si nos quedamos callados. Y los tenemos como cualquier otro ser humano".

Antonia

Antonia (51 años, El Salvador) tiene a sus espaldas largos años de lucha por los derechos de las mujeres y la mejora de las condiciones sociales en El Salvador, quizás porque ella misma sufrió abusos e injusticias como mujer incluso dentro de su propia familia y también porque quiere un futuro mejor para sus tres hijas.





Antonia llegó a España hace casi 5 años. En El Salvador tenía un pequeño negocio de comida casera para llevar y podía mantener a su familia ella misma, pero quería ofrecer una buena educación a sus hijas para que pudieran convertirse en mujeres independientes. Sus dos hijas mayores ya finalizaron sus estudios y la menor está por terminar su carrera. Para Antonia, esto es un orgullo.

Desde que llegó a España, Antonia ha estado trabajando sin papeles, limpiando casas y cuidando a personas mayores. Incluso tomó cursos para cuidar a las personas que padecen Alzheimer porque como ella dice, así les entiende mejor.

“A estos señores les gusta que les hables, que les preguntes, aunque ellos no se acuerden de nada, pero hay etapas en su vida que sí las recuerdan. Te cuentan varias veces lo mismo, pero están viviendo, porque están recordando cosas. A mi me gusta cambiarles, cuidarles, tenerlos limpios, echarles perfume. Así se sienten bien. No les puedo tratar como si fuera sólo un trabajo que me pagan y ya está. Cuando me piden que les prometa que no les deje solos, a mí me afecta. No puedo no encariñarme con ellos.” 

Para ella, lo más difícil en este trabajo es cuando fallecen las personas que ella cuidaba y con quienes desarrolló un vínculo fuerte: “Me dicen cosas que quizás no les cuenten a sus propios hijos. Me convierto en su compañera, amiga y, a veces, incluso en psicóloga. Y claro, cuando se van, me afecta como si fuera alguien de mi propia familia”.

Mientras tanto, desde que está en España, Antonia no ha podido ir a El Salvador a ver a sus propias hijas. El riesgo de no poder volver a España es demasiado alto, por lo que espera pacientemente hasta que la última de sus hijas termine sus estudios. En julio, una de sus hijas le pidió disculpas por querer casarse aunque Antonia no pudiera estar presente. Establecieron una videollamada durante la ceremonia como única manera de que Antonia pudiese estar al lado de su hija. 

En Madrid vive en un piso junto con otros seis adultos y un niño recién nacido. Antonia comparte habitación con otra mujer que cuida a una pareja de ancianos, vive con ellos durante la semana y regresa a casa solo los fines de semana. Se llevan bien, aunque en la habitación solo cabe una cama.

Durante la primera ola de la pandemia las horas de trabajo de Antonia disminuyeron considerablemente y, como no tiene papeles legales, no tuvo derecho a ningún apoyo financiero institucional. Pudo arreglárselas gracias a sus ahorros y a su pequeño negocio de comida casera salvadoreña. Cocina en casa y vende a una red de clientes desarrollada durante años, utilizando el boca a boca como publicidad. También recibió unos 100 € de la organización Centroamérica Feministas, una de las muchas redes y organizaciones locales que ofrecieron ayuda voluntaria para personas excluidas del sistema durante la pandemia. Ella reciproca ayudando a otros cuando y como puede, manteniéndose involucrada en las luchas por los derechos de las mujeres y de las personas excluidas o en riesgo de pobreza. En alguna manifestación en Madrid, que reclamaba los derechos de las empleadas del hogar, llegó a entrar hasta en el Congreso: “Indocumentada aquí, sí, pero con mi pasaporte en la mano” porque “es mi derecho!”.

Actualmente, Antonia está en proceso de arreglar su situación administrativa, ya que consiguió un contrato firmado. Sin embargo, incluso con papeles y dada de alta en la Seguridad Social no tendrá los mismos derechos que cualquier otro empleado en España. 

Primer episodio: ANTONIA

"La cara oculta del sistema - trabajadoras del hogar" - un programa de podcasts que forma parte de este proyecto documental.
“NO PEDIMOS CARIDAD, PEDIMOS JUSTICIA SOCIAL!"


Entrevista con Edith Espinola
portavoz de la Asociación SEDOAC (Servicio Doméstico Activo) en Madrid.

Página web de la asociación: https://sedoac.org/

“La situación de las trabajadoras del hogar, de por si es una desigualdad, porque no tienen los mismos derechos que cualquier otro empleado dado de alta en la Seguridad Social. Nosotras, estamos en un Régimen Especial y esto significa que no tenemos derecho al paro, no hay una ley de prevención de riesgos laborales, existe una menor paga cuando hay indemnización y hay la figura de desistimiento que dice, que si un empleador tiene una desconfianza en ti, te puede despedir en un momento sin dar explicación ninguna. Además, hay una falta de control de horarios, porque como se trata de un trabajo dentro de un domicilio particular, las inspecciones tampoco son efectivas. Y todo esto se refiere a las mujeres que trabajan con un contrato y sus papeles en regla. Pero, la gran parte de las empleadas de hogar trabajan en la economía sumergida; o porque están en una situación administrativa irregular o porque por alguna razón su empleador no les quiere hacer un contrato. Ellas están aun más perjudicadas y expuestas a abusos. Y es un problema importante tomando en cuenta que cerca de 70% de las mujeres que trabajan en el empleo de hogar son mujeres migrantes ....LEER MÁS


“RÉGIMEN DE INTERNA - ESCLAVITUD MODERNA"


“Yo la verdad, cuando estaba en mi país me decía - Dios, primer mundo! España, lo mejor que pueda ver en Europa! - y ahora… 
Pasé muchas cosas malas aquí y me costó ver que tengo derechos como cualquiera. Sin nosotras las familias no van a salir a trabajar, no van a poder estar tranquilas si no tienen una empleada que les va cuidar a sus hijos o a sus padres, que les va dejar todo bien arreglado. ¿Por que entonces les cuesta tanto valorarlo?” 

Delia



“Yo creo que primero los empleadores deberían tener un poco de empatía con las personas que trabajan para ellos.. y que no nos  estén explotando de la manera que lo hacen. La gente ve una empleada como una esclava, una persona que está allí para servir, y yo creo que falta mucho para que cambie la mentalidad, aunque no te digo que si, hay mucha gente que lo valora y saben y entienden… Yo espero, creo que algún día cambiaran un poco ¿non? Porque no se puede seguir así, estamos en el siglo XXI.”

Delia 


Delia (54 años, Paraguay) vino a España hace 15 años. En Paraguay se licenció en administración, trabajó primero como gerente, luego tuvo su propio negocio. En España trabajo durante 11 años como empleada de hogar interna - un régimen que muchas definen como esclavitud moderna.



Delia (54 años, Paraguay) vino a España hace 15 años. Licenciada en administración, en Paraguay trabajó primero como gerente, luego tuvo su propio negocio. La crisis económica que golpeó su país la obligó a plantearse la emigración. Quería asegurar la educación a sus dos hijos. Cuando se marchó, su hijo tenía 10 años y su hija 16. Volvió a verlos 10 años después, ya como adultos y padres. 

En España, Delia empezó a trabajar como empleada de hogar sin papeles ni contrato ya que para las mujeres migrantes latinoamericanas es prácticamente la única opción. La Ley de extranjería les obliga a mantenerse en economía sumergida durante tres años, antes de cumplir este periodo no pueden ni siguiera empezar el tramite para regular su situación.  

Un año y medio después de su llegada, Delia fue detenida en una redada de policía, que el 23 de diciembre buscó por los supermercados a las empleadas de hogar haciendo compras navideñas para sus jefes. La llevaron al CIE con las bolsas en las manos. 

Consigo recurrir el orden de expulsión pero los juicios tardaron 5 años, mientras tanto, seguía trabajando sin papales, encerrada en casa de su empleador, saliendo una vez a la semana para dar un paseo. Tardo 5 años más en conseguir a alguien dispuesto hacerle un contrato y, en consecuencia, facilitar a que regulase su situación. En general los empleadores preferían tenerla sin papeles, para no pagar la seguridad social y evitar, como decían, rollos innecesarios con la Hacienda.

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Segundo episodio: DELIA

"La cara oculta del sistema - trabajadoras del hogar" - un programa de podcasts que forma parte de este proyecto documental.

JESSICA
(32 años, El Salvador)


“Vine a España en febrero, justo antes de la pandemia. Empecé directamente como interna, cuidando tres niños en un chalet de tres plantas. Hacía de todo: cocina, plancha, limpieza, de lunes a sábado por un sueldo de 870€. A los dos semanas de estar con ellos se decretó el estado de alarma y me tuve que quedar sin poder salir ni un día. Era una familia muy problemática se discutían mucho y el estrés de eso y el no salir, el no ver a nadie conocido me impacto y me enfermé. Empecé a sangrar del intestino, perdiendo cada vez más sangre hasta que tuve que ir a urgencias. Allí me dijeron que tenía anemia y tuvieron que ponerme un litro de hierro. Intenté decir a mi jefe que necesitaba una semana para descansar, en principio lo aceptó pero cuando iba a volver me dijo que tenía que despedirme porque ella mismo fue despedida de su trabajo. Lo cual era una mentira porque a dos días nos enteramos que ya tenía otra chica.

Pasé varios meses y finalmente encontré otro trabajo de interna, pero de interna 24/7, solo descansaba un día y el sueldo era de 400€. Lo acepté porque lo necesitaba, me decía que así por lo menos tengo donde estar y tengo la comida. Me ocupaba de una señora mayor, 84 años. A un momento ella se contagió de Covid y me lo pasó a mi. Ella estuvo en el hospital durante un mes y yo en cuarentena en su casa, ocupándome de casa mientras tanto. 

Cuando volvió ya no era la misma persona. Estaba mucho más débil, con bombona de oxigeno conectada, no podía limpiarse, ni levantar ni caminar sola. Es una persona con mucha obesidad y yo no tenía suficiente fuerzas para levantarla y limpiarla. Para mi fue mucho más trabajo, pero la familia no quiso aumentar mi sueldo. Cuando empecé de nuevo a sangrar del intestino, me dije que no puedo continuar así, que tengo que cambiar porque va de mi salud también. 

La hija (la que me contrató) se puso muy mal conmigo. Me decía que ellos se comportaron muy bien conmigo, que me daban alimentación y donde quedarme y cosas así. Finalmente cuando vio que no cambiaré mi idea llego a decirme que si yo tomaba la decisión de irme y denunciarla por lo que ella me pagaba, la que iba a salir perdiendo iba a ser yo porque no tengo papeles. Y al irme, la señora mayor me acusó además del robo. Le dije - revísame las maletas si quieres - y ella respondió - no hace falta, pero disfruta de lo que te has llevado!

Salí de allí y si no hubiera sido por la gente que me ayudó, dejándome quedarse en su casa, estaría en la calle, sola y sin dinero porque todavía me debían una paga.” 


Jessica, (32 años, El Salvador)
Licenciada en Administración de Empresas Turísticas 

LA LARGA LUCHA POR LOS DERECHOS


“La situación de las empleadas de hogar es muy complicada. Primero, existe una vulneración de los derechos laborales que es absoluta y total partiendo de la base de que la ley les deja en una situación en desigualdad o inferior a las relaciones laborales comunes. Partimos de esta base y partimos de la base también que el centro del trabajo es un centro privado, un domicilio particular y obtener pruebas de abusos que suceden allí es muy complicado. Y abusos hay, y mucho.”

Entrevista con Ismael Sánchez Jiménez 
Abogado especializado en temas laborales y servicio doméstico, defiende a las empleadas de hogar en denuncias y juicios contra los empleadores y colabora con asociaciones como Servicio Doméstico Activo SEDOAC (Madrid) 

“Los abusos más frecuentes que detecto yo, si hablamos de abusos en cuando a derechos laborales son: horas extra sin control, falta de alta en la Seguridad Social, mala cotización, incumplimiento de derecho a vacaciones y una larga lista etcétera. 

Muchas mujeres trabajan 15-16 horas al día, días festivos y sin que esto se refleje en su paga. Las vacaciones de por si, es un tema horroroso. Muchos empleadores las niegan, no las pagan, no dejan posibilidad que las mujeres eligen sus 15 días (y muchas ni lo saben que las pueden elegir en caso de desacuerdo). En muchos casos incluso los empleadores obligan a la empleada a acompañarles a su segunda residencia en la playa, tratando de hacerlo pasar como descanso vacacional. Y no! Las vacaciones es un derecho que exige una forma de desconexión porque forma parte del desarrollo de la personalidad y las trabajadoras domesticas que se van con su empleador al chalet de Santander o de Málaga pues no pueden ni desconectar ni descansar y evidentemente no pueden desarrollar su personalidad. Lo peor es que ellas vienen a mi consulta ya asumiendo que ese es el periodo de vacaciones que les toca, que eso es normal. 



"En este sector muchos no valoran el trabajo que haces. Se creen que aquí viene una maquina y en tres horas te va hacer la plancha, cocinar para los niños y dejarte la casa reluciente…. No solo que la gente no nos valora a nosotras, es que no valoran a sus propios padres tampoco. ¿Que concepto tienes de dar a tu madre una vida y cuidado digno, si pagas tan mal y tratas tan mal a la persona que empleas para que cuide de ella?"

Janina 

Janina (42 años, Perú) vino a España hace 17 años. En Perú hizo master en administración y financiación. Trabaja como empleada de hogar y desde hace varios años pertenece a la asociación Servicio Doméstico Activo (SEDOAC) luchando por los derechos en su sector. 


JANINA
(42 años, Perú)


“Vine a España hace 17 años, con el contrato, visado y todo. Solo una vez aquí me di cuenta que el contrato era ficticio y que en la realidad tenía que buscarme empleo. Supuestamente iba trabajar en un supermercado… En aquel entonces esto se hacía mucho, había gestorías y empresas que hacían contratos ficticios y te lo vendían a 200-300€ y tu con eso podías obtener un visado. A mi esto me lo arreglaron unos familiares que ya estaban en España, si yo supiera que es así, no hubiera venido, así de claro.

En Perú yo ya tenía mi diploma y estudios hechos, tengo la titulación en administración y financia, pero mi madre se enfermó de cáncer y llevar un tratamiento de cáncer en mi país es muy caro. Entonces decidí venir aquí, para poder ayudarla. Es duro tomar esta decisión, a ver, nadie se va de su país porque quiere, sino porque tiene un objetivo, una necesidad. Pero dejar todo atrás: tu familia, tu profesión y empezar todo de cero en un país que no conoces … es duro

Conseguí mi primer empleo a los 3-4 meses de estar aquí. Estaba ya desesperada y acepté el trabajo de interna. Yo tenía 23 años y me tenía que ocupar de Ana, una mujer tetrapléjica de 42 años. Tenía que moverla, bañarla, cambiarle el pañal, cambiarle de postura, llevarla hasta la ducha y todo, ella la pobre movía sólo la cabeza. Me decía Yo soy cabeza y tu las manos y la verdad es que nos llevábamos muy bien. Estuve trabajando para ella 3 años y me fui solo porque mi marido, que también vino, ya empezó a tener una situación más estable en el trabajo y yo quería intentar a homologar mis estudios y buscar algo en mi profesión. Como interna no puedes hacer nada, tienes, a lo mejor, tiempo libre solo el finde y ¿que se puede hacer en un fin de semana?.... 



“NO SOMOS MAQUINAS, SOMOS PERSONAS"


“En la Senda de Cuidados me encontré con Maite (una trabajadora social-h.j), ese día fue un momento para mi muy bello porque la forma en la que Maite me trató, fue muy cálida. La expresión de sus ojos, su cariño, me hizo volver a sentir que yo era una persona y, después de estos años trabajando y ser tratada como una maquina sin alma, sentir que alguien te mira como una persona, como un ser humano… eso es maravilloso."


Eli

“Pensé que dado que la gente lee tantas obras maestras, tanta filosofía y tantas ideas que otros traducen en libros, pensé que esto te hace una mejor persona. Por eso también me ha resultado difícil entender lo que puedo ver aquí. Porque casi en todas las casas donde trabajamos los dueños tienen bibliotecas hermosas, con literatura preciosa, y yo me pregunto: ¿qué diablos hacen con lo que han leído? ¡No los convierte en mejores personas! Y eso es impactante."

Eli



Eli (nombre cambiado, 50 años, Honduras) llegó a España hace más de tres años. No tiene papeles y desde que llegó a España ha estado trabajando como empleada doméstica interna para una familia de clase muy alta y bien conectada, cuidando de toda la familia con cuatro hijos.


En Honduras Eli trabajó como empleada administrativa en empresas relacionadas con los servicios militares estadounidenses. Este trabajo le permitió viajar mucho: Singapur, México, incluso en el Medio Oriente, donde pasó un año y medio en su última misión. Cuando terminaron estos contratos, y como Eli tiene un nivel de inglés muy alto, consiguió un trabajo como profesora de inglés en una escuela pública de Honduras.

Eli es una madre soltera y la educación de su hija, que hoy ya tiene 23 años, fue siempre para ella de primordial preocupación. Es por eso que, hace más de tres años, decidió emigrar a España. Tenía ahorros para pagar la Universidad de su hija, pero a condición de que no ocurra ningún imprevisto, cosa que en la vida normal es imposible, aun más tomando en cuenta que su hija necesita más de atención por ser mal oyente. 

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Tercer episodio: ELI

"La cara oculta del sistema - trabajadoras del hogar" - un programa de podcasts que forma parte de este proyecto documental.


Proyecto realizado con el apoyo de European Journalism COVID-19 Support Fund


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